8.20 de la mañana. Me he levantado o mejor dicho, arrastrado fuera de la cama, porque es lo que debo hacer no porque me apeteciese. Al hacerlo e ir al baño he cometido el mismo error que todos cometemos desde hace años, coger el móvil y que sea lo primero que hago en la mañana (error muy grande porque estamos pegados a las pantallas desde el primer pestañeo pero este momento tampoco es para ponernos exigentes).