Si te apetece llorar, ¿Quién te lo impide?

Llorar es liberador. Llorar es sinónimo de soltar, de liberar porque nos permitimos expresar aquello que nos ata el corazón, que nos acongoja y que nos tiene el alma cogida de un pellizco. Quizás suene banal, quizás muestre debilidad pero no hay acto más puro, más natural, sencillo y complejo a la vez que el de llorar.

Soltar lágrimas sin saber por qué pero que brotan de los ojos y caen por nuestras mejillas porque algo se nos ha bloqueado ahí dentro y nos está gritando desde lo más hondo de nuestro ser. Llorar como si realmente la vida se nos fuera para que precisamente no se nos vaya y podamos continuar. Llorar para dejar salir, para volver a respirar dejando espacio nuevo y limpio para lo que tenga que venir. ¿Hay algo más necesario, importante, reconfortante y espiritual con uno mismo?

¿Y llorar de alegría? También es soltar, liberar esa gran emoción que seguro ha estado guardada durante un tiempo esperando su momento para gritar y manifestarse, celebrar que finalmente ha sido como debía ser. Tensión acumulada, esperanzas cumplidas… el corazón habla públicamente con cada gota salada de nuestros ojos.

Nadie, solo tú mismo, te está impidiendo liberarte, dejar salir tus emociones, permitirte deshacer ese nudo que te aprieta y que solo necesita un poquito de esa agua para desaparecer. ¡Qué más da lo que piensen los demás! Es tu llanto el que importa y el por qué lo necesites o simplemente, lo quieras o te apetezca. Y por supuesto, no es debilidad, al contrario, es el acto de mayor valentía y amor hacia uno mismo porque no importa más en ese instante que tu cuidado.

Llórate, acurrúcate en tus sentimientos y emociones dándole la voz que necesitan para poder vivir y así volar y transformarse en algo que te engrandezca, te haga ser mejor y continuar el camino.

Una lágrima, tus lágrimas solo necesitan de ti y las de otra persona frente a ti, te hablan, te buscan, te piden consuelo aunque solo sea en modo de abrazo. No juzguemos porque no sabemos de qué ingredientes están hechas cada una de ellas, si es dolor, pena, rabia o miedo porque sean de lo que sean, necesitan el mismo o más cariño que las nuestras propias.

Y si no sabes por qué pero necesitas llorar ¿por qué buscar una razón? Si ellas, las lágrimas, quieren salir, nadie mejor que ellas sabrán el motivo… y están buscando hablar, ¿Qué mejor que escucharlas o al menos darle la libertad que buscan y anhelan?

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Mi vida cambió desde que asumí la completa responsabilidad de mi vida, mis actos y todo lo que ocurre a mi alrededor y que me afecta. Intento no castigarme, racionalizar y cuando puedo, fluir. Ese, es mi objetivo. Además de esto, amo la comunicación, escribir y expresarme y ese, es mi trabajo desde mi impulso emprendedor de mi estudio de marketing y comunicación.

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    78Collin
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    24 febrero, 2017

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