Permítete no hacer nada. ¡Descansa!

Día 3 de enero, viernes y he perdido la cuenta del número de episodios de Anatomía de Grey que he visto hoy. Quizás 4 ó 5. No lo sé. Y no me importa. No considero que esté perdiendo el tiempo. Estoy descansando y no me siento ni culpable ni nada parecido… ¡Me lo permito!

Desde que volví de Bali de forma anticipada el 30 de diciembre (aún no he podido hablar / escribir sobre esto), me lo estoy tomando con mucha calma. Hoy es el segundo día (el primero fue el día 1) que me quedo en casa, no salgo de ella y me permito descansar.

El jet lag está desapareciendo pero estoy cansada, por eso volví y no solo del viaje que ha sido tranquilo y me ha dado para descansar sino realmente, de todo lo que he vivido en 2019 y en realidad, durante muchos años atrás. ¿Por qué ahora descanso y no antes? Porque mi estado emocional es el más tranquilo de toda mi vida y puedo permitírmelo en todos los aspectos.

Mi trabajo está controlado, es navidad y todos creen que estoy en Bali y lo mejor, emocionalmente estoy tranquila, he desenredado el nudo más profundo y complicado de mi vida y no hay nada que me atormente (no significa que en mi vida no haya circunstancias como en la de todos pero no me atormentan). Así que ahora, me puedo permitir y así lo estoy haciendo, descansar y no hacer nada.

¿Por qué nos castigamos por no hacer nada?

Pero es que esto de no hacer nada parece que está mal visto. No nos lo permitimos y si lo hacemos, nos castigamos con lo que al final, no descansamos y es peor el remedio que la enfermedad.

De alguna manera la sociedad nos ha enseñado que pasar un día tumbados en el sofá no haciendo literalmente nada más que ver series o leer es de vagos y estamos perdiendo el tiempo. Es una creencia tan arraigada que nos la creemos y la llevamos con nosotros hasta la última instancia. Tanto que no nos permitimos descansar por mucho que estemos exhaustos.

Tenemos que estar realmente destrozados para que un día estemos sin hacer nada y en nuestra cabeza siempre va a rondar ese sentimiento de culpa que echa al traste nuestro día de descanso.

Descansar es necesario en todos los aspectos y aunque no hagamos algo físico, nuestra mente – cerebro, corazón e incluso alma, se cansan. Están agotados. Vivimos en un ritmo frenético con multitud de preocupaciones e in-puts que no cesan ni un segundo. Siempre tenemos alguna preocupación, alguna emoción que gestionar, incluso cosas tan banales que nos distraen y ocupan como esa llamada pendiente de devolver o ese whatsapp que hay que contestar.

¡Estamos agotados! Y no hacemos lo que está en nuestra mano para descansar porque cuando encontramos el momento, nos sentimos culpables. Y es así.

Piénsalo: estás en casa, te permites no hacer nada y descansar y mientras estás tumbado viendo esa peli o el capítulo 5 seguido de esa serie, tu mente empieza a tener vida propia, separarse de ti y convertirse en tu “madre” regañándote por ser una vaga que se pasa el día sin hacer nada. Como si estar un día así fuese la tónica habitual de tu vida y realmente te llegas a creer que eres una vaga de forma permanente.

Sí, así de potente es nuestra mente y de esa forma tan atroz nos llegamos a boicotear. ¿Por qué lo hacemos? Por las creencias adquiridas. Y debemos aprender a cambiarlo y revertir estas creencias. Por nuestro bien.

Descansar es necesario y sabéis qué, que yo estoy aprendiendo a permitírmelo. Sí, estoy en casa. Sí, no he salido en todo el día. Esta mañana me desperté con jet lag a las 6.30 y no tenía ganas de nada así que en el silencio de la noche aún, me puse un capítulo de mi serie. Sin más. Después me levanté, duché, arreglé y desayuné. He trabajado durante 1,5 horas desde mi casa y después, me he puesto a planchar. ¿Debía hacerlo? Pues supongo pero la verdad es que me apetecía porque tenía un asunto en la cabeza y moverme me hacía bien (en realidad desde que volví de Bali estoy de forma inconsciente poniendo orden en mi casa).

Después de planchar he tenido dos largas conversaciones con amigas (otro punto en el que también pensamos que estamos perdiendo el tiempo… Absurdez total porque hay pocas cosas más liberadoras que hablar con amigos) y a las 12.30 h ha llegado el momento de mis 2 horas de sesión con mi acompañante de proceso emocional.

Después de eso… ¡Fin! No me apetecía hacer nada más. He comido y desde entonces, estoy en el sofá descansando. Y ya está. Aunque a veces me aparece ese sentimiento de culpa, es mi trabajo consciente lidiar con él para calmarlo y que desaparezca.

Porque realmente sé que ahora que he gestionado muchas cosas, que he desecho ese nudo tan profundo y potente en mi vida, necesito descansar, darme un espacio y un marco para recuperarme y está perfecto que lo haga. Me lo permito y además, lo mejor, es que lo disfruto.

Aprendamos a que descansar es súper saludable, necesario y nos ayuda a continuar con todo de una forma mucho mejor. Recuperar energías físicas y también emocionales es más obligación que la de estar haciendo cosas constantemente cuando ni siquiera podemos con ello.

Dejemos de ser autómatas y hagamos lo que nuestro corazón y sobre todo, nuestro cuerpo, nos pide y necesita.

Author
Mi vida cambió desde que asumí la completa responsabilidad de mi vida, mis actos y todo lo que ocurre a mi alrededor y que me afecta. Intento no castigarme, racionalizar y cuando puedo, fluir. Ese, es mi objetivo. Además de esto, amo la comunicación, escribir y expresarme y ese, es mi trabajo desde mi impulso emprendedor de mi estudio de marketing y comunicación.

Leave A Comment

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *