Lo que parece una derrota puede ser tu mayor victoria

A veces, queremos ganar de una manera que sólo nos perjudica. Nos inmolamos en nuestro propio objetivo de no ceder porque pensamos que así ganamos. Nos mantenemos firmes en una decisión porque la consideramos justa sin percatarnos que estamos actuando desde el ego más absoluto. A veces, lo que puede parecer a priori una derrota a ojos propios y de extraños es en el fondo, la mayor de nuestras victorias.

Pero nos cuesta verlo. Antes de identificarlo y sobre todo, de ejecutarlo, nos dejamos casi la vida por el camino. En mi caso, la rodilla, la recuperación y mi estado emocional. Y es que estoy en ese punto de “por qué debo ser yo la que modifique mi horario para que él, que es el que lo ha hecho mal, esté cómodo”.

Él, 26 años, incapaz de gestionar una situación personal que él mismo sabía y predijo que la “iba a liar” y que sólo con aparecer, me “había trasladado su toxicidad cuando yo estaba tan tranquila”. Con estas afirmaciones me pregunto “María, ¿para qué te metes?”. Bueno, pues porque soy la salvadora del mundo. Porque a la que vi su inestabilidad, su abandono y su destrozo emocional ahí que me puse mi capa, mi antifaz y fui a salvarlo. Reconozco que en esta ocasión, no cogí el primer tren que se me puso delante sino que me costó un poco más ir a ayudar. No creo que fuese porque lo identificase y viese el peligro sino porque estoy cansada y en otros asuntos. Pero ante la insistencia y ver más y más indicios de sus “problemitas” ahí que metí de cabeza, de lleno y hasta la cocina, como queráis llamarlo.

*Pero esto es otro asunto a tratar más adelante. El por qué nos metemos si sabemos de antemano que nos vamos a quemar en pocos segundos.

Retomando. Que a veces, muchas veces, nos rompemos la camisa, los pantalones, los zapatos y hasta nos rasgamos las venas en esa decisión de ser firmes y que sea el otro el que modifique su conducta. ¿Por qué? Porque somos jueces, sentenciamos y nos creemos con la capacidad de educar al otro. Porque como él lo ha hecho mal, que sea él el que modifique su conducta para que yo esté cómoda.

¿En serio? ¡Qué más me dará a mi si está cómodo o no! Si está contento, si ha aprendido la lección o si se cree que el mundo está contra él y especialmente yo. Si se esconde para no verme, pues él verá primero, el ridículo que hace cada día; segundo, lo que su conciencia tenga que decirle por propiciar un trato así a quien se ha portado muy bien con él y, tercero, que ni siquiera vea que está siendo un auténtico niñato cobarde.

¡Qué más me da a mi lo que vea o deje de ver alguien que lleva literalmente 10 minutos en mi vida! Y que de paso, me ha demostrado no que sea mala persona, que no lo creo, sino que emocionalmente está en debacle, en descenso veloz y sin freno. Si he intentado ayudarlo porque me lo pidió incansablemente y llegando a ser muy cansino y no ha sido capaz de asumir esa ayuda porque no puede con él mismo… ¡Huyamos de ahí que huir a veces, es de valientes!  Sí, a veces huir no es ser cobarde sino ser valiente.

Así que voy a dejar mi ego a un lado. Voy a dejar mi pensamiento absurdo de “los vengadores” de “yo no muevo mi hora y que así él se aguante”. No, que la que está sufriendo cada día en su rehabilitación soy yo. Que la que lo está pasando fatal con crisis de ansiedad diarias por su actitud, soy yo. Que la que está bloqueando físicamente a su rodilla, soy yo.

Qué me importa a mí: ¿qué él aprenda la lección o yo estar bien? Pues a estas alturas… Estar yo bien. Así que lo mejor es alejarme de esta persona que ya solita le sobra para darse el batacazo. Por no necesitar no necesita ni que yo tome cartas en el asunto en formato reclamación o contar a sus jefes todo lo que está liando. Cada uno que acarree con sus cositas que yo, con mi silencio y elegancia, llego más lejos. Lejos sobre todo conmigo misma.

Porque yo me cuido y me protejo. Y ahora me toca protegerme de esta persona. ¿Cómo? Tomando la decisión más acertada para mi: cambiar de hora de rehabilitación. No, no voy a cambiar de centro porque mi fisio me va bien y se lo curra. No, no voy a permanecer en esa hora a pesar de haberlo hecho bien y que sea el que se esconde el que me está perjudicando, porque me daña esa situación. Sí, aunque parezca una derrota, para mi es un triunfo y apelo a mi madurez emocional para después del enfado y el dolor, haber llegado a esta conclusión. 

No es que yo esté por delante ni sea mejor. No es que yo me rinda y baje los brazos ante su mala actitud. No. Es que soy precavida, cuidadosa e inteligente emocionalmente tanto como para protegerme y velar por lo realmente importante: mi rodilla, mi salud emocional y mi proceso.

Repito: a él, nada. Ni siquiera un mal gesto que lo ponga en su sitio. Ni que yo fuese responsable de su vida y su aprendizaje. Intenté ayudarle y la lió muy gorda. Ya está. La vida, el cosmos o su conciencia, si toca, se encargará de ello. Yo, no. No va conmigo ni siquiera, hacer una maldad justificada.

Hacia mi, cuidarme. Protegerme. ¿Y lo que puedan pensar los demás de que cambio mi hora porque él tiene razón? Ummmm, me importa cero. Quien es importante en mi vida tomará la decisión de preguntarme lo ocurrido y de apoyar mi decisión de cuidar de mi. Y quien me conoce sabe bien que lo único que he hecho ha sido cuidar a alguien que necesitaba y que por encima de todo, aún estando agredida por él, se ha retirado sin causar daño.

Y es que ser buenas personas o como dicen y hacen los balineses, cuidar del otro con respeto y hacer buenas acciones para con los otros, es lo fundamental en la vida.

Pd. ¿Él valorará que yo me portase muy bien con él y que además me haya apartado sin generarle ninguna consecuencia cuando podía hacerlo con motivos que me ha dado? Seguramente no. Seguramente estará navegando entre la víctima de mira lo que ella me ha hecho (no sé el qué) y la prepotencia de “ha cambiado su hora por mi”. Bueno, lo valore o no, es cosa suya, es su responsabilidad, su vida y su proceso. Lo que a él le venga mejor para sustentar más tiempo su toxicidad emocional que a quien más daña, es a él mismo.

Author
Mi vida cambió desde que asumí la completa responsabilidad de mi vida, mis actos y todo lo que ocurre a mi alrededor y que me afecta. Intento no castigarme, racionalizar y cuando puedo, fluir. Ese, es mi objetivo. Además de esto, amo la comunicación, escribir y expresarme y ese, es mi trabajo desde mi impulso emprendedor de mi estudio de marketing y comunicación.

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