¿La responsabilidad es de un «mal año»?

Un año, 365 días de los que cuando terminas de comerte la última uva con las campanadas, esperas todo de ellos. Deseas y ansías que te traigan felicidad, amor, dinero, trabajo, estabilidad y todo lo bueno como si de arte de magia se tratase poniendo en el calendario, en ese número de cuatro cifras que indica el año, toda la responsabilidad de tu vida para cuando llega a su fin y de nuevo estás frente a las 12 uvas que cerrarán ese ciclo, culparle de todo lo que te ha ocurrido, dándole la espalda para decir “por fin te vas” y volver a la rueda de desear para el nuevo año todo lo que ansías tener, vivir y experimentar. Así hacemos cuando hemos tenido un mal año, o un año lleno de momentos que nos han enseñado a ser más duros, que nos ha fortalecido con situaciones que no deseábamos vivir porque nos hace sufrir pero que representan el verdadero aprendizaje de nuestra vida.

Hoy, 20 de diciembre, ya embarcada en esas dos últimas semanas del año, estoy cansada, extenuada por mi vivencia de estos 365 días que recibí con toda la ilusión del Mundo, con mi corazón entregado a un porvenir mejor lleno de amor, ilusión y esperanza en la vida y que dejé ir simplemente por confiarme en que ya estaba todo hecho. Un año exigente, duro sin parangón en el que yo tampoco me he dado tregua, en el que no me he permitido ni un día de autoexigencia suprema para continuar adelante. Hoy, sentada en el sofá, con manta y tratando de recuperar mis defensas inmersas en una gripe descomunal que me avisa de mi cansancio, caigo en la tentación de calcular los años buenos y los malos y los ciclos que se han cumplido en mi vida por si, después de uno malo, viene uno bueno… sin caer en la cuenta que eso, depende exclusivamente de mi. Cierto que pueden ocurrir hechos y circunstancias que sean más fáciles de llevar que otras y algunas incluso muy difíciles y que necesiten más esfuerzo emocional, por supuesto, pero perder o no mi centro, gestionar mis emociones y controlar mis sentimientos para no sufrir es algo que depende exclusivamente de mi. Y eso, es poder que solo yo tengo sobre mi misma, es lo que conseguirá hacer mi año más bueno o más malo porque lo que ocurre cada día, es el proceso de vida para seguir evolucionando, ni más ni menos y muchas veces, incluso ni es el mío sino el de otras personas que debo aprender a ver con cierta distancia para no dejarme arrastrar.

Hechos, circunstancias que sin duda, si lo valoro en conjunto desde aquel 9 de enero que ya parece tan lejano, podría decir categóricamente “vaya mierda de año” pero no lo haré, porque incluso desde aquel viernes a las 3 am después de unas maravillosas vacaciones de Navidad, fue un regalo de vida, una muestra de valentía, generosidad y empuje hacia delante. Todo lo que vino después no fue más que la consecuencia de dejarme llevar, de no haber sabido gestionar a tiempo o respirar en el momento adecuado. Y esto, este aprendizaje supremo que hoy me hace ser más paciente, más racional y me aporta tranquilidad es lo que le da a este 2015 el adjetivo de, a pesar de todo lo que ha ocurrido que ha sido muchísimo, guardarlo en la caja de los años buenos. Porque no hay años malos, porque todo es nuestro proceso y nuestro camino. Renegar de ellos, llevarlos al olvido por el dolor que nos ha causado no hará más que volver a repetir circunstancias para que aprendamos la lección de vida que se nos tenía encomendada en cada situación. Gracias al 2015 por su lección, por su proyección, por cada día de llanto, desasosiego, falta de aire o cabreo infernal porque hoy soy más fuerte, más estable, más evolucionada y si miro atrás, veo el camino recorrido en estos 365 años. Quizás no es el camino que yo desee conscientemente recorrer en este 2015, pero sin duda ha sido el que necesitaba andar para que mi futuro sea mejor aún. Lamentarme, maldecir o dar una patada a este año es poner la responsabilidad de mi vida en algo tan etéreo como un calendario y eso, no me ayuda en nada. Mi vida es mía, todo lo que ocurre en ella está ahí por mi impronta y por mi necesidad de cambio y evolución. Nadie tiene la culpa, nada es responsable y solo yo debo aceptar mis momentos y como los recibo, convivo con ellos y crecemos juntos. No has sido fácil 2015, eso si, nada fácil pero hemos estado juntos 365 días, con sus semanas, sus fines de semana más duros que las semanas incluso, con sus despertares ilusionantes pensando que el sol cambiaría el girar de todo, con sus noches largas y duras… con todo, hemos estado juntos en todo momentos tu, camino y de vida y yo. Somos los únicos que sabíamos que llegaríamos juntos ahora y así ha sido. Estamos cansados, no nos hemos dado respiro y quizás sea el momento de dedicarnos unos instantes a evaluar, aceptar, agradecer y descansar. Porque el cambio de año es solo comerse unas uvas y cambiar la hoja del calendario, nada es diferente de forma mágica e inmediato, todo cambiará según yo desee que así sea y me ponga manos a la obra para yo, ser más feliz.

Ahora solo queda, por qué no, hacer esa lista de propósitos de año nuevo pero conmigo misma y para mi misma. Las ilusiones son las que nos hacen avanzar y puedo repetirlas, no se han gastado: desear amor, alegría, felicidad y bienestar es algo que siempre, debemos desear para seguir trabajando en ellas y valorar lo importante que son en nuestra vida.

Author
Mi vida cambió desde que asumí la completa responsabilidad de mi vida, mis actos y todo lo que ocurre a mi alrededor y que me afecta. Intento no castigarme, racionalizar y cuando puedo, fluir. Ese, es mi objetivo. Además de esto, amo la comunicación, escribir y expresarme y ese, es mi trabajo desde mi impulso emprendedor de mi estudio de marketing y comunicación.

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