La música que nos hace sentir

Ayer me desperté con la noticia del fallecimiento de Camilo Sesto. En ese momento no pude evitar recordar la que para mi es su canción más famosa “vivir así es morir de amor” (no sé el título exacto pero para mi es así) y de repente se agolparon más que en mi cabeza, en mi corazón, cientos de recuerdos asociados a esa letra, a esa melodía.

Recuerdos felices, muy felices. Y es que en mis años de adolescencia y la posterior juventud, los bares de mi ciudad, Málaga, a altas horas de la madrugada daban por finalizada la noche con esta canción. Cuando el reloj marcaba las 6 am, las luces de los bares (porque por aquel entonces en Málaga no había o no nos gustaban al menos las discotecas) se encendían y sabíamos que había que dar por terminada la “salida de marcha”. Pero, antes de dejar el bar y encaminarnos a comer ese “showarma” siempre quedaba energía, pies y voz (ya más que ronca) para cantar a más no poder y bailar esta canción que no tiene edad…

“Siempre me voy a enamorar

de quien de mi no se enamora.

Es por eso que mi alma llora…

Y ya no puedo más.

Ya no puedo más.

Siempre se repite la misma histoooooria.”

Ese era el himno de nuestra vida, de mi juventud. Parecía que estaba escrita para mi porque realmente así lo sentía. Nadie se enamoraba de mi o al menos, quien yo quería. Ay la juventud. Como si ese fuese el fin del mundo y el mayor de los problemas que iba a enfrentar y batallar.

Música, la vida es música. Los recuerdos son olores y por supuesto, sonidos y qué mejor sonido que una canción.

Eso es lo que he recordado cuando he escuchado en todos los canales de televisión las letras de Camilo Sesto. Y es que nuestra vida está marcada de canciones importantes, de esas que nos llevan a un momento concreto y lo que es mejor, a una persona especial.

Por curioso que parezca, una canción es un recuerdo o varios… Quién sabe para cuánto da una letra. O al revés. Hay personas con las que nos unen varias canciones o siempre lo vemos en muchas de ellas… Hay épocas que incluso en todas las que escuchamos.

Y es que por alguna asociación neuronal que yo desconozco, nuestra mente asocia recuerdos a sonidos (igual que a olores como decía) pero en mi caso, es mucho más potente el caso de la música.

Camilo Sesto y Rafaela Carrá son los broches de oro para noches épicas de mi juventud. Ay cuánto he bailado con sus letras. Pero también lo es esa banda sonora del Bar Coyote que me lleva a mis salidas nocturnas universitarias junto a mi querida amiga Teresa. Es escuchar esa canción y ahí me veo con 20 años menos, con ella, en los bares más “in” de entonces de Málaga y pensando con quién nos encontraríamos esa noche.

O qué decir de la Studio 54, temazo que para mi es mi COU con mi gran team de Maristas. Ellas (Ro, Emi, Amaya, Cris, Meme…) y ellos (Iván, Dani, Manolo, Antonio…), mis niñas y también mis chicos, mis “balonmanos”… Cuánto me trae esa canción a mi memoria.

Jon Von Jovi es mi cantante de la adolescencia, quizás de mi parte más rebelde. Alejandro Sanz y Mecano… Mis letras para cantar y así podría seguir nombrando intérpretes y canciones que han significado algo. Si pienso en mi padre y en esquiar… Ahí estará siempre el “Déjame” de los Secretos… Ay papá, cómo te echo de menos con tus discos de Julio Iglesias o por supuesto, los Gipsy Kings.

Siempre, la música nos trae recuerdos. Hay canciones tan potentes que no podemos escucharlas en un momento determinado, durante un tiempo porque nos abre el corazón en canal. Canciones que en su momento fueron un refugio de paz y de seguridad cuando me la cantaban al odio en mis momentos de más dolor y sufrimiento y ahora, si la escucho, es justo ese dolor lo que me causa porque siempre soñé con que la entonarían en un momento mágico de mi vida. Ay John Legend… ¡Cuánto has dejado en mi corazón con tu “All of Me”.

Y es que la música es sinónimo de sentimiento, de mucho sentir… Quizás de amor del fuerte, del que se agarra al corazón. Puede que ilusión, de la que nos hace volar. O como no, de grandes momentos que a pesar de los años, a las primeras notas, reviven en nosotros como si fuesen ayer y nos alegran la vida haciéndonos recordar que hubo tiempos muy buenos, muy felices y que por qué no, podemos recuperarlos.

Yo no soy (o mejor dicho, era) muy de escuchar música en mi día a día, lo reconozco. Por mi trabajo me paso el día escribiendo y si escucho música me pongo a tararear y no puedo escribir y además durante una etapa de mi vida sufrí de migrañas y no podía escuchar música alguna (paradójicamente de esa época no tengo canción alguna ligada a ningún momento especial).

Pero ahora sí que vuelvo a recuperar lo bello de la música en mi vida. Si estoy en casa, pongo música. Si estoy dibujando, si conduzco… Pongo música y si quiero sentir… Pongo música. Incluso, en estos últimos meses de rehabilitación de rodilla, cuando no podía más y tenía que ir al hospital me ponía los cascos por la calle (algo que yo jamás había hecho) y escuchaba música. Me animaba y me daba energía para enfrentarme a otra sesión de dolor y superación. Voy cambiando y amando cada vez más la música.

Cantemos, bailemos y sintamos… Agarrémonos a esa canción única que siempre, será la mejor llave para abrir la caja de nuestros recuerdos.

Pd. El año pasado en un viaje de esos de bajar a los infiernos emocionales mientras conducía camino a Tarifa tras mi separación escuché esta canción… Es un regalo, para mi lo fue el atender a su letra y espero que para vosotros… También. El arrepentido. (Solo para valientes).

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Mi vida cambió desde que asumí la completa responsabilidad de mi vida, mis actos y todo lo que ocurre a mi alrededor y que me afecta. Intento no castigarme, racionalizar y cuando puedo, fluir. Ese, es mi objetivo. Además de esto, amo la comunicación, escribir y expresarme y ese, es mi trabajo desde mi impulso emprendedor de mi estudio de marketing y comunicación.

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