El arte de NO HACER y no sentirse mal

8.20 de la mañana. Me he levantado o mejor dicho, arrastrado fuera de la cama, porque es lo que debo hacer no porque me apeteciese. Al hacerlo e ir al baño he cometido el mismo error que todos cometemos desde hace años, coger el móvil y que sea lo primero que hago en la mañana (error muy grande porque estamos pegados a las pantallas desde el primer pestañeo pero este momento tampoco es para ponernos exigentes).

A través de una story de Instagram de una amiga he visto, mejor escuchado, esta maravillosa versión de “I will survive” en español y por primera vez me he detenido mucho en la letra. Quizás sea porque mi mente está limpia tras la noche de sueño o porque el silencio de alrededor ayuda. No lo sé. Sea por lo que sea, la he escuchado entera. Y me he puesto a escribir.

Los que me conocéis sabéis que yo soy de escribir todo el tiempo y empecé haciéndolo en los peores momentos de mi vida pero la verdad sea dicha que últimamente no lo hago cuando estoy mal. En esos momentos ahora, desde la operación de la rodilla, pinto y dibujo. Me ayuda a liberar más la mente, a no pensar, a bajar pulsaciones. Y es que si escribo estando malo retroalimento repitiendo eso mismo y no me va bien. Además, ya escribo suficiente (pienso a veces) para mis clientes.

Pero esta mañana me ha apetecido y aquí estoy. ¿Qué quiero escribir? Pues nada en concreto. Me apetece haceros un diario de estos días de confinamiento y las emociones y sensaciones en mi situación así que eso lo iré haciendo por post pero ahora mismo, me apetece hacer un batiburrillo y verter lo que se me pasa por la mente. Así, sin pensar.

Y es que creo que parte de este confinamiento, parte de este encierro, del motivo esencial del mismo es que aprendamos a dejar de pensar un poco, que realmente dejemos de querer controlar todo, de estar tan presentes y descansemos la mente. Y señoras y señores, no lo estamos haciendo. Nos hemos agobiado antes de empezar y no paramos de idear planes para no aburrirnos.

¿De verdad es necesario? Tenemos Netflix, Movistar plus, Hbo, la televisión normal, el maravilloso e inagotable mundo de Internet y las redes sociales (ay Instagram, nuestro mejor amigo ahora), tenemos libros, hobbyes, cocinar, movernos para que el cuerpo no se atrofie… ¿De verdad hay quien se aburre? Aburrirnos no, entiendo que estemos un poco agobiados porque somos seres sociales y necesitamos salir a la calle, movernos, el aire y socializar con otras personas. Comprendo porque a mi me pasa que me encanta estar en casa sola pero que cuando nos obligan y es impuesto, la cosa cambia porque somos seres que nos cuesta acatar órdenes pero aburrirnos, no deberíamos.

¿Qué tal si pensamos que parte de la historia va de aburrirse?

Yo creo firmemente que esto va de hagamos un cambio de valores esenciales y que aprendamos a vivir de otra manera y aburrirnos es parte del proceso.

Yo creo firmemente que esto va de hagamos un cambio de valores esenciales y que aprendamos a vivir de otra manera y aburrirnos es parte del proceso.

Debemos aprender a bajar el ritmo, a permitirnos no hacer y estar tranquilos. ¿Cuántos de nosotros si no estamos haciendo algo que consideramos de provecho, nos sentimos culpables? La mayoría. Y es que nos han enseñado socialmente que hay que hacer y si no, mal.

Y eso no es así. No hacer, solo estar, es fantástico y nos ayuda a ir más despacio y valorar todo lo que tenemos a nuestro alrededor y realmente importante.

Mira, no sabía sobre qué escribir en este post y me ha salido lo que considero más importante de este encierro… Aprender a no hacer nada.

El otro día se lo decía a una persona que hay en mi vida que está pasando por un momento de cambio. Le decía que se permita estar un día en pijama, que aprenda a que un día sin ducharse y en el sofá no es malo, al contrario, nos ayuda y muchísimo.

Yo cuando el 30 de diciembre volví de Bali y todo el mundo estaba de vacaciones de Navidad con la familia (yo no tengo familia), yo tenía jet lag y el frío arreciaba decidí, literalmente, hibernar. Sí, hibernar. Los mamíferos hibernan. Me pasé 7 días en casa y sólo salí un par de veces. El resto me permití, porque tampoco tenía que trabajar, estar en casa, en el sofá, leyendo, viendo series, y durmiendo mucho.

Ay el poder y la necesidad de dormir. Cuánto lo infravaloramos y cuán necesario es. Yo que estoy no a full de energía por la operación y un resfriado que no quiero que vaya a más he decidido que no tengo horarios por unos días hasta estar mejor. Duermo lo que necesito, hago lo que mi cuerpo me pide y voy permitiéndome. Tengo tarea de trabajo pero si algo tenemos que ofrecer todos es flexibilidad y mis clientes son así, flexibles. No estamos para exigir nada a nadie ahora mismo.

Así que yo me permito. Si no tengo ganas de hacer, no hago y cuando lo hago, es con toda mi energía, ilusión y fuerza.

Resistiré. Sé que lo haremos. Nos costará más o menos. Cada uno tendrá sus momentos. Yo llevo un par de días más baja (y también os lo voy a contar porque me ayuda a mi y por si a alguien le puede aportar) y sé que cada uno tendrá los suyos pero sé que resistiremos, de eso se trata y hay que aprender a hacerlo quizás, no sé, es una idea, dejando de hacer por un tiempo.

¿Cómo lleváis vosotros esto de no hacer constantemente y no sentiros mal por ello?

Author
Mi vida cambió desde que asumí la completa responsabilidad de mi vida, mis actos y todo lo que ocurre a mi alrededor y que me afecta. Intento no castigarme, racionalizar y cuando puedo, fluir. Ese, es mi objetivo. Además de esto, amo la comunicación, escribir y expresarme y ese, es mi trabajo desde mi impulso emprendedor de mi estudio de marketing y comunicación.

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